Las enviaron a Dresde a la edad de quince años, para estudiar música, entre otras cosas.. Y lo pasaron muy bien allí. Vivieron libremente entre los estudiantes, discutieron con los hombres sobre cuestiones filosóficas, sociológicas y artísticas, para las que estaban tan capacitadas como ellos; o más, puesto que eran mujeres. Y vagaron por los bosques con jóvenes robustos y sus guitarras, ¡tlang, tlang!, y cantaron los cantos del Wandervogel, y se sintieron libes.¡Libres! esa era la gran palabra. En el anchuroso mundo, en los bosques matinales, con jóvenes y vigorosos compañeros de espléndida garganta, fueron todo lo libres que quisieron, sobre todo para decir lo que querían. Lo que importaba por encima de todo era la conversación: el apasionado intercambio de la conversación. El amor tan solo era un acompañamiento secundario.
Lady